Recuerdos de mi infancia en la finca "Trianón".
(Ésta soy yo cuando tenía cinco o seis años.)

Cuando era pequeña, vivía en Barranquilla. Todos los años, cuando terminaba el año escolar en noviembre, viajábamos a Medellín para pasar las vacaciones de en la finca de mi tío Mario y de mi tía Alicia. Allí nos reuníamos todos con los tíos y los primos que venían también a pasar las vacaciones de fin de año.

La finca quedaba en las afueras de Medellín, cerca de Envigado. Estaba en la falda de una montaña y tenía una vista maravillosa del valle, de los potreros y de las montañas. Era una finca antigua y acogedora. Las paredes eran blancas y gruesas; las puertas y las ventanas eran verdes. Los corredores eran amplios y abiertos. Había un patio con azaleas y gardenias, y una imagen de la Virgen María.

En la finca había vacas, gallinas y marranos (cerdos). Había muchos árboles frutales: naranjos, mandarinas, mangos, sapotes y guamos. También había cafetales.

Yo lo pasaba muy bien cuando iba a la finca. Me gustaba levantarme temprano para ir al establo y ver el ordeño de las vacas. Generalmente iba sola porque a mis primos no les gustaba levantarse temprano. Yo iba al gallinero a recoger huevos o acompañaba al establero cuando iba a cortar hierba para las vacas. Otros días iba a coger café. Recuerdo que llevaba un canasto grande colgado en la cintura para poner allí el café cereza (el café maduro) que seleccionaba a mano. Cuando regresaba a la finca a media mañana, iba a desayunar. El desayuno típico consistía de jugo fresco de naranja, huevos revueltos, arepa, quesito y chocolate. Después de desayunar, me bañaba y me ponía a jugar con mis primas o me sentaba a asolearme en un sillón grande de cuero que había en uno de los corredores.

La hora del almuerzo siempre era bastante caótica. Había dos comedores: el de los grandes, que era donde comían los papás, y el de los chiquitos, donde comíamos nosotros. Nos separaba una ventana con rejas. Era difícil organizar y controlar a más de diez niños . Siempre había regaños y castigos.

Por las tardes nos organizaban juegos o paseos para mantenernos ocupados. A veces íbamos a pescar a la cañada o hacíamos una "chocolatada" en la montaña. A veces jugábamos a "la casita" o a la "tiendita". ¡Siempre había algo que hacer! Lo pasaba muy bien y por eso tengo buenos recuerdos.

Prof. Amparo G. Codding